domingo, 2 de diciembre de 2007

Las dos mitades de Córdoba

Fosilizada entre las nuevas edificaciones, escondida como tabique medianero de las casas desde la puerta del Rincón hasta la actual Cruz del Rastro, pasando por Alfaros y la calle de la Feria, sobrevive, a tramos, la antigua muralla divisoria de la ciudad. Fue, en origen, el muro oriental de la ciudad romana. Sobre él, en una superficie aterrazada, se incrustó el templo de culto imperial que vemos al bajar Claudio Marcelo, y enfrente se extendía, imponente, el hipódromo original (“Campo de Cuádrigas”). La puerta de Roma se abría en la esquina del Ayuntamiento, y la confusa puerta de la Pescadería, probablemente, casi llegando al río, en la zona llamada Arquillo de Calceteros.


Todos los barrios que hoy integran la Axerquía eran entonces áreas extramuros, y siguieron siéndolo hasta las guerras civiles del siglo XI (o la dominación almorávide posterior), cuando estos arrabales fueron fortificados con una larga muralla que pasaba por Ollerías, Marrubial, Ronda de Andújar y Campo Madre de Dios hasta la Ribera. De ese modo, la ciudad intramuros quedaba dividida por una enorme pared almenada de quince metros, con torres y barbacana. Nunca se perdió la función defensiva y se prohibió edificar en las proximidades del lienzo de separación por su lado bajo, prohibición que fue efectiva hasta décadas después de la ocupación cristiana (1236).


Los árabes abrieron dos nuevas comunicaciones, que acabarían por llamarse arco del Portillo (que aún persiste en la calle de la Feria) y arco del Bailío. Siglos después de la conquista, en el año 1531, el corregidor Pérez de Luján abriría una nueva comunicación en cuesta escalonada que aún lleva su nombre. La última transformación fue la apertura de la Calle Nueva, a finales del siglo XIX.


Un paseo hacia el Ayuntamiento desde la Ribera nos permite ver grandes muros e incluso torres enteras que sobreviven en la casa de los marqueses del Carpio, en las ruinas de la ermita de la Aurora y en algún otro solar. Además, casi todos los edificios de la calle Alfaros están separados de los de la calle del Císter, a sus espaldas, por restos de la antigua muralla.